Tirar del hilo

Buscando recursos

Estrategias para salir de la violencia

Los hijos e hijas son, evidentemente, protagonistas centrales de muchas de las historias que cuentan las mujeres supervivientes de violencia machista. Aparecen  como otras víctimas de estos procesos, pero también como apoyo y razón para salir adelante. A veces son la razón para denunciar, y a veces la razón para no hacerlo. Demasiado a menudo son usados como moneda de cambio por los agresores. 

Muchas mujeres tienen dificultades para poder reagrupar a sus hijos o hijas cuando se han visto obligadas a huir sin poder organizar sus viajes. Y, en general, los trámites para la reagrupación familiar son lentos y engorrosos, causando gran desasosiego en las madres supervivientes.

La pluralidad de las familias migradas es muy amplia. Hay hijos e hijas que están junto a las mujeres en el país de residencia, otros y otras que se quedaron en el país de origen. Hay hijos e hijas que lo son también del agresor, y otros que no. Esta diversidad cuestiona la normatividad de la idea de familia que suele haber en España, así como los regímenes jurídicos que la sustentan. Por ejemplo, cuando una madre migrada trabaja y cotiza en España, pero tiene a sus hijos o hijas en el país de origen, la Agencia Tributaria no le reconoce el hecho de que una parte importante de sus gastos va a parar a su manutención. Otro ejemplo: muchas mujeres migradas que están solas en en la crianza querrían contar con sus madres para que les ayuden en la conciliación de su vida laboral y familiar, pero la Ley de Extranjería dificulta la reagrupación de los y las ascendientes, rechazando una de las estrategias básicas de las mujeres migradas trabajadoras y exponiéndolas a la soledad. 

Las historias de este informe muestran cómo, muchas veces, el miedo a verse separada de sus hijos e hijas lleva a muchas mujeres a no denunciar o a renunciar a algunos de los recursos a los que podrían acogerse, como espacios habitacionales que no podrían compartir con ellos y ellas. También recuerdan que, como la maternidad es también un ámbito de juicio para las mujeres, la valoración como buenas o malas madres importa mucho y puede marcar las decisiones que se tomen. La situación de monomarentalidad aparece, por otro lado, como agravante de la precariedad económica, cuando los padres no cumplen con sus responsabilidades en la manutención. La custodia compartida también continúa atando a muchas mujeres a España, un país en el que tal vez no tengan muchos más vínculos que su agresor.

Tirar del hilo: historias de mujeres migradas
supervivientes de violencia de género